«El carácter del marinero de la villa es fácil de explicar: el más borracho en tierra y el mejor trabajador en la mar»
VICENTE RODRÍGUEZ VEGA, «EL POZALO» Patrón de pesca jubilado
Candás,
Braulio FERNÁNDEZ
Vicente Rodríguez Vega, candasín de 71 años más conocido por «El Pozalo», es el hombre récord de la mar asturiana. Suyo fue el primer bonitero de la región en entrar en la isla Terceira de las Azores, de los primeros en usar GPS y plóter a bordo e incluso sirvió para experimentar sobre el barco con la primera máquina de hielo, al margen de ser descubridor de una decena de playas marinas. La suya es una vida dedicada a la mar, a bordo de uno de los barcos históricos de Candás, el «Lolo el nin», sobre el que este patrón de pesca asegura haber hallado la felicidad.
-¿Tan feliz fue dirigiendo durante medio siglo un bonitero?
-Sí, lo fui. Comencé de marinero con 14 años y, a la vuelta de la mili, en 1960, ya era patrón de pesca, que era lo que siempre quise ser. De hecho, saqué el nombramiento en la mili.
-¿Cómo explica ese sentimiento de felicidad con una vida tan dura?
-Yo disfrutaba en la mar, te da tiempo para todo cuando llegas a estar 28 días fuera. Allí a lo lejos no hay preocupaciones, comida siempre hay, y a mí siempre me resultó verdaderamente emocionante.
-Se dedicó fundamentalmente al bonito, y eso le llevó hasta las Azores…
-Hasta la isla Terceira, que luego se hizo mundialmente famosa por la reunión entre Bush y Aznar. Fuimos el primer bonitero asturiano que entraba en la isla, allá por 1971. La pesca es intuitiva en buena medida, y conocedores de que este pescado venía de Argentina buscando plancton, salinidad y temperatura, nos dirigimos a las Azores en su búsqueda.
-Estaban fuera casi un mes, ¿cuántos bonitos ha llegado a pescar en una de las salidas?
-Tengo cogidos más de mil bonitos varias veces, a la cacea, con entre 14 y 18 hombres. Pero también ha habido veces que no he cogido ninguno.
-Presume de éxitos entre otras cosas por haber contado con buenos marineros.
-La gente de Candás era muy experta en la mar. Los candasinos eran los mejores pescadores, y eran muchos porque todos se dedicaban a ello en la villa. Los patrones gallegos venían a pescar cerca de aquí sólo porque les convenía contratar a nuestros marineros. Un pescador candasín valía por cinco de los que ellos podían conocer fuera. Y no sólo eso, sino que puedo decir que hasta que los gallegos no vinieron aquí no aprendieron a pescar.
-Forma parte ya de la tradición oral candasina hablar del carácter de sus pescadores.
-Ese carácter se define fácilmente explicando que el pescador de aquí era un borracho en tierra y el mejor trabajador en la mar, un marinero formidable, insuperable incluso. Yo he visto a un hombre pescar con una pata de palo, y ser más diestro que ningún otro.
-A pesar de ser tradicional, siempre gustó de incorporar nuevas tecnologías…
-Ya en el 79 me subieron al barco una máquina de hielo a ver qué tal funcionaba, que por cierto no prosperó en aquella ocasión, y luego fui de los primeros de la región en contar con GPS y un plóter a bordo. Con un margen de error de quince metros todo resulta más fácil. Para conocer todos estos instrumentos visité ferias desde Bilbao hasta Dinamarca, donde conocí los túneles de pesca.
-¿Y qué hay de esas nuevas playas?
-El suelo marino es casi simétrico a la tierra. Si estas enfrente del Naranjo de Bulnes puedes encontrar un arenal perfecto para pescar cigalas, de las que entran dos o tres en un kilo. He descubierto, entre otras, las playas de Lastres, norte de Tazones o la de los Gallos. Algunos de esos secretos sólo los he revelado ahora que me he jubilado.
-¿Qué ha aprendido en más de medio siglo sobre un bote?
-En alta mar he aprendido todo lo que sé, y ha sido el mar quien me lo ha enseñado. Será el mar quien te indique las normas, por muchas lecciones que lleves preparadas.
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